martes, 20 de mayo de 2008

EL ERROR DE DIOS

En el libro del génesis[1] Dios nos da una orden clara: “Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla...”. ¡Sometedla! Mala orden para una especie que no sabe someter su propia codicia.
¿Acaso erró Dios al darnos la libertad para destruirnos?

La preocupación por la conservación del medio ambiente no es nueva. Desde los años setentas, la comunidad científica preveía la degeneración del medio ambiente debido a la actividad humana. Durante la guerra fría, los seres humanos habíamos alcanzado un punto en el desarrollo tecnológico (atómico) en el que podríamos habernos autodestruido varias veces. ¿Cómo es que el único ser racional del universo conocido puede haber llegado a tal punto de estupidez e irracionalidad? ¿Acaso el cambio climático será sinónimo de extinción de la especie?

Primeramente analicemos las tendencias actuales. La ciencia y la tecnología se desarrollan principalmente en el hemisferio Norte. Los científicos climáticos, aunque estudian los patrones de todo el planeta, generalmente hacen predicciones para éste hemisferio. Son escasos o inexistentes los modelos predictivos desarrollados para el hemisferio Sur, para el Perú y la franja ecuatorial específicamente. Entonces reflexionemos ¿las terribles predicciones de los políticos y científicos del norte, serán las mismas que para la zona ecuatorial del planeta, mas templada y alejada de los polos? Es posible que no, pero tampoco significa que estaremos libres de soportar los efectos del cambio climático.

Uno de los factores más estudiados -y que ya se ha hecho realidad- es la disminución del volumen de los glaciares andinos. Los glaciares actúan como gigantescos reservorios de agua dulce. Mantienen el caudal de los ríos que en gran medida se pierde en el mar. Pero los científicos y políticos han disparado la voz de alarma, asociando el fenómeno con la futura escasez de agua. ¿Es esto cierto?

El agua que cubre el planeta depende de la existencia de la atmósfera. La atmósfera existe debido a la gravedad. Si alguno de estos factores deja de existir, no se preocupe, ya no habrá nada por hacer (entonces no es un problema). Mientras los océanos sigan siendo calentados y evaporados por el sol, habrá lluvia. La lluvia caerá y continuará el ciclo vital del agua. Puede que el cambio climático produzca modificaciones en los patrones de la lluvia. Es evidente que esto produce exceso de lluvia en algunos lugares y escasez en otros, pero ella seguirá cayendo.

La cordillera de los Andes recibe un enorme volumen de agua de lluvia. Parte del agua cae en forma de nieve formando los glaciares, el resto cae en la tierra. Se forman las lagunas, los depósitos subterráneos (acuíferos) y el resto fluirá como arroyos y ríos. La existencia de agua no es el problema. El problema consiste en un adecuado abastecimiento y conservación del elemento ¿Dejará de llover en el Perú? Es poco probable y según el modelo futuro, podría llover más.

La solución está en lograr la acumulación del excedente de aguas, el aprovechamiento de las aguas subterráneas y en el transporte de las mismas a los lugares donde son requeridas. Si se construyen presas, canales y túneles el abastecimiento de agua estaría asegurado. Al principio puede parecer costoso, pero se asegura la continuidad del fluido para el consumo humano, el desarrollo agrícola y la generación de electricidad. Solo depende de la decisión política ya que la tecnología y el dinero lo tenemos devaluándose en el banco. Hace poco se ha suscrito un convenio con Brasil para que construya hidroeléctricas en el Perú. Es un buen comienzo ¿y que hay de las obras que debe hacer el estado peruano?

En franca contradicción, han aparecido intereses particulares en vender a la empresa estatal del agua plantas de desalinización. Esta es una solución temporal, complicada, vulnerable, de enorme consumo energético y también contaminante, dependiente de tecnología foránea, altamente costosa y con un producto final casi artificial. ¿Es lógico hacer esto en una nación con agua? Hay que evitar la instalación de este tipo de plantas que solo obedece a intereses particulares, apoyados por la opinión (remunerada) de pseudocientíficos y “especialistas”.

La prevención de futuros eventos meteorológicos y el correcto aprovechamiento de los recursos depende de la investigación científica en general. Específicamente, los meteorólogos peruanos deben ser apoyados en la creación de los modelos predictivos (del Perú enlazados con los del planeta) para anticipar y prevenir los efectos de los fenómenos que podrían producirse por el calentamiento global y el cambio climático. ¿Qué sucederá si la temperatura se eleva? ¿Cambiará la temperatura, velocidad y salinidad de las corrientes marinas? ¿Cómo se modificará el patrón de precipitaciones en el territorio? ¿Acaso la costa desértica podría convertirse en una zona de lluvia y enormes potenciales agrícolas? La ciencia puede y debe responder estas y otras interrogantes. Pero hacer ciencia requiere recursos y apoyo político. ¿La clase política será capaz de visualizar el futuro más allá de 5 años?

La Cumbre de Río (1992) y la firma del Protocolo de Kyoto (1997) coincidieron con el inicio del ahora mundo unipolar, regido por la victoria del capitalismo y la economía de mercado. El crecimiento (sin precedentes) de este modelo económico ha producido enorme riqueza y abundante pobreza. Paralelamente, el exagerado consumo de bienes manufacturados ha producido un gran impacto sobre el planeta. Los numerosos acuerdos políticos para prevenir la destrucción del medio ambiente no han sido implementados en su totalidad. El mercado está ganando y el planeta está perdiendo.


La conservación del planeta requiere de una visión holística, engranada entre las diversas especialidades de la ciencia y la tecnología. El desarrollo de los biocombustibles (etanol y biodisel) confirma el negativo impacto que pueden producir las nuevas tecnologías. La tecnología implementada por codicia y sin criterio, creará nuevos problemas.

Hace pocas semanas se produjo un rápido aumento global en el precio de los alimentos, en un período de pocas semanas. Se señala a los chinos e indios como responsables debido al aumento de la demanda ¿acaso han empezado a comer más de la noche a la mañana? Se responsabiliza al aumento del precio del petróleo ¿acaso no es un alza especulativa? No se ha comprobado que hayamos llegado al pico de las reservas, además, en Brasil se han hallado gigantescas reservas que se suman a las reservas conocidas de combustibles fósiles. ¿Por qué el alza del petróleo ha coincidido con la conquista norteamericana de Irak? Por último, la distribución global de los alimentos es manejada por enormes corporaciones (como la Monsanto, Conagra, Cargill, Continental, Bunge and Born, Louis Dreyfus, André, y Archer Daniels, etc) pero estas no han sido incluidas en la ecuación del alza de precios. La amnesia de los “especialistas” y economistas mundiales es proverbial. En el Perú, el gobierno simplificó el problema del aumento del precio de los alimentos señalando a los pequeños minoristas de los mercados como los responsables ¿Se habló de los grandes minoristas como los supermercados Wong? Ni una palabra en boca de políticos y “economistas”. Nuevamente, proverbial amnesia y una opinión pública que no opina.

Paradójicamente, figuras de los países sin “libertad” o “totalitarios” como Cuba, venían advirtiendo (desde hace años) sobre el peligro de la hambruna que empieza a afectar a la humanidad. ¿Quién es más libre? ¿El que vive engañado por el “mercado” y la propaganda o el que vive buscando la verdad de los hechos?


Habrá que revisar el modelo de mercado y los muchos prejuicios creados por las Armas-de-Desinformación-Masivas, al servicio de los intereses financieros, comerciales y consumistas (publicidad) que nos están empujando hacia un problema de supervivencia global.


No es casualidad que el premio Nóbel, Al Gore, halla sido duramente criticado por el poderoso sector de corporaciones explotadoras de combustibles fósiles. El documental “Una Verdad Incómoda” describe magistralmente el actual problema. Pero la verdad duele y será una dura lucha por llegar a ella.


El astrofísico Carl Sagan comparó nuestro planeta como una gran nave espacial. Ella lleva a la humanidad por el viaje universal. Pero esta nave no está dotada de cápsulas de escape ni asientos de eyección. Estamos condenados a permanecer en ella pase lo que pase.


J.E. Lovelock[2] nos da una nueva visión: “La Gaia”. Entender al planeta tierra como un gran organismo viviente que se mueve, tiembla, siempre cambia. El dinamismo de la tierra es casi imperceptible a la velocidad humana, pero es muy dinámica a escala cósmica. Los seres vivos somos como pequeños insectos que deben vivir en armonía con Gaia. El ser humano no es la excepción. No estamos sobre Gaia para “someterla”. Compartimos el espacio con otras especies. Somos parte del frágil ciclo de la vida que venimos alterando constantemente.

Hemos inventado todo tipo de formas para alcanzar el poder. El poder de dominar la naturaleza, el poder de dominar a nuestros congéneres, el poder de autodestruirnos, el poder de acumular bienes materiales y dinero. Sin embargo somos incapaces de limitarnos en el uso y abuso de ese poder. La especie humana está desequilibrándose a sí misma y a otras especies. En una era caracterizada por el impresionante avance en la medicina, las comunicaciones y el conocimiento, es imperdonable que exista hambre y pobreza entre la mayoría de los miembros de la especie. ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué está sucediendo? ¿Quiénes son los responsables? ¿Nuestro “modelo” de vida es acaso el más adecuado?

Tenemos que buscar respuestas a estas incómodas preguntas, tras la “Cortina de la Información”. Al igual que la “cortina de hierro”, “la cortina de bambú”, “el muro de Berlín”, “el muro fronterizo de EEUU” y “el muro de Israel”, la “cortina de la Información” es otro vergonzoso medio de dominar a la humanidad. Es muy difícil mirar tras ella. La cortina modela nuestra percepción del mundo, nuestros objetivos de vida y hasta las metas personales, moldeadas por una precoz exposición a los medios de información y la manipulación social. La “cortina de información” nos persuade a seguir los objetivos de quienes la controlan, aquellos que han acumulado el dinero y poder.


Las respuestas serán aún más incómodas y podrían alterar la percepción que tenemos del mundo. Para revertir el daño al planeta, el ser humano tendrá que repensar el exagerado consumismo. Para ello, la publicidad de nuevos (y generalmente prescindibles) bienes, tendría que disminuir o desaparecer. Millones de dólares invertidos en estas técnicas de manipulación social podrían ser empleados en una mejor distribución de los alimentos. Habría que limitar el crédito de consumo, el urbanismo desmedido y no planeado, el empleo preferencial de transporte público de bajo impacto. La disminución de la explotación de recursos naturales. La democratización y desmonopolización del comercio y distribución alimentaria. El control del Estado sobre los mercados para evitar hegemonías monopólicas y el abuso de los agentes financieros. Todo es posible en la medida que se neutralice el poder de los grupos dominantes.
El Estado tendrá que actuar en verdadera democracia. Corregir esta visión contradictoria: no se debe explotar los recursos naturales si es que causan perjuicios a otros o a las delicadas fuentes de agua – afirmar lo contrario es una ilusión- además se cuenta con mejores alternativas de desarrollo (que es distinto que acumular dinero) como el turismo, la agricultura y la manufactura con tecnologías “verdes”. Detener la demagogia inaugurando “ministerios del medio ambiente” y al mismo tiempo plantas para la producción de papel, ¡las más contaminantes del mundo! Llegan a Lima por que nadie las quiere en otros países. Detener el gobierno por los intereses foráneos, no por la vida y la libertad de los peruano.

En resumen es necesario iniciar el camino a la construcción de una sociedad más justa, en la que las diferencias entre los poseedores y los desposeídos no sean el abismo de dos universos paralelos y contradictorios. Finalmente, una vida liberada de la esclavitud de la codicia (profit) y marcada por la sencillez, podrá brindarnos una mejor calidad de vida a todos.

Las alternativas no abundan. La Gaia ya refleja las primeras señales del maltrato al que la sometemos. Carl Sagan afirmó que “no es potestad del universo estar en perfecta armonía con la ambición humana”. Ni el universo ni el planeta nos esperarán. ¿Estaremos llegando a nuestro nivel de incompetencia como especie?.

La Gaia reaccionará. Una sacudida del Leviatán expulsará al incómodo parásito humano que no supo comportarse. Otra especie tomará nuestro lugar... posiblemente con mayor sabiduría.
¿Cometió Dios un error? no lo se. Pero si fracasamos y nos extinguimos, seguro le causaremos mucha vergüenza.

[1] Genesis 1:28 Biblia de Jerusalem.
[2] Lovelock, J.E. “Gaia, una nueva visión de la vida sobre la tierra”.- Ediciones Orbis S.A. 1985

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