lunes, 26 de enero de 2009

LOS GIGANTES DEL CENEPA II




26-01-2009

La guerra no es un fenómeno, es una terrible constante en la ecuación de la historia de los pueblos. Lo que se pretende es mantener esa constante a un valor mínimo y evitar que varíe el resultado final. Lo logran, los pueblos que se mantienen alertas, preparados y vigilantes ante la horrenda amenaza del combate. Esto lo conocen mejor que nadie los hombres que visten uniforme, los últimos en ser escuchados. El soldado evitará la guerra antes que ninguno, el soldado pisará el campo de batalla antes que nadie, el soldado desea regresar al hogar con el mayor anhelo. Morir por la patria es una consecuencia, no un deseo del soldado. El que muere se reviste de gloria. A veces de la mezquindad del olvido, usual en las pequeñas sociedades, anatema en las grandes naciones.
El día 11 de Enero de 1995, dos patrullas peruanas dialogaron con patrullas ecuatorianas con la finalidad de que se retiren del territorio nacional. La reacción de los oficiales ecuatorianos obligó a las patrullas peruanas a encarar el sorpresivo ataque. El lastimoso resultado fue un soldado ecuatoriano muerto y otro herido. La mecha del polvorín de la historia se ha encendido en un acto que, visto desde la comodidad del tiempo, parece inútil e intrascendente. Es fácil ser profeta del pasado y criticar los hechos con la simpleza del prejuicio. Estos relatos no pretenden ser históricos, no, son un homenaje a quienes dejaron su vida en la defensa del ideal nacional y en rescate del olvido.
Ante la posibilidad de la escalada bélica, los comandantes peruanos, responsables de la seguridad de aquella zona olvidada, resolvieron preparar el terreno lo mejor posible. Es deber y doctrina de todo militar, intentar adelantarse a los hechos. La logística es la piedra fundamental de toda posible operación militar, para tal efecto la patrulla “Roosevelt”, al mando del Teniente de Infantería William Guzmán Espinoza, fue enviada a construir un helipuerto hacia una posición más al norte de la posición enemiga, decisión táctica que permitiría ir formando un bolsón sobre estas últimas.
El día 26 de Enero, hace exactamente 14 años, el Teniente Guzmán y sus hombres ya estaban en plena faena de construcción sobre la cota 1325, ubicada a unos 8 o 9 kilómetros al norte del PV-1, cerca a la quebrada Zafra, rodeando las posiciones “Cueva de los Tayos”, “Base Sur” y todos los “Tiwinzas” que se halla a unos tres kilómetros hacia al este.
Días antes, un helicóptero Gazzele ecuatoriano sobrevoló la posición de la patrulla Roosevelt observando los trabajos de construcción y dando aviso al su mando. La propaganda ecuatoriana reportaría que los helicópteros peruanos estarían sobrevolando la zona para bombardear a las patrullas ecuatorianas, cuando en realidad volaron en apoyo logístico para la construcción.
El día 26, las fuerzas terrestres ecuatorianas rodeaban la posición de Guzmán dando inicio a un sorpresivo ataque sobre su posición. Se unió una escuadrilla de helicópteros Gazzele artillados, que descargaron fuego de cohetes sobre la patrulla peruana. El ataque enemigo duró más de tres días. La patrulla “Roosevelt” se refugiaba en las alturas (cota 1400) manteniendo a raya el avance enemigo con solo fuego de fusilería. El Teniente Guzmán era atendido de una herida bala por el Sub-oficial Minchán, cubiertos por el soldado Eduardo Lijisán Asacha, nativo de la zona. Los atacantes empleaban morteros y una de las granadas impactó cerca de la posición de los tres hombres, acabando con sus vidas. Ante esta desgracia, el Sargento1º Segundo Soto Paz asume el comando de la patrulla reorganizado la defensa que duraría cuatro días en total, hasta casi agotar la reserva de munición. Luego de sepultar a los caídos, el Sargento Soto ordena la retira al amparo de la noche, hora que demostraría ser poco propicia para la tropa y aviación ecuatoriana. Luego de 18 días vadeando al enemigo en la selva virgen, Soto y el resto de la patrulla “Roosevelt” llegan al PV-1.
Este primer episodio demuestra el acero del que están fabricados los soldados del Perú, valientes en el combate, con iniciativa, inteligencia y audacia. Forjados en la guerra constante en contra del enemigo terrorista y admirados por la milicia internacional. Solo basta recordar las palabras del General brasilero Ariel que los consideró entre los mejores soldados del mundo.
¿Qué no harían estos hombres si fuera posible dotarlos de moderna tecnología y no enviarlos a la guerra con las manos vacías como pretenden ignorantes y mezquinos funcionarios?
En este primer acto de guerra, denunciado por el Perú ante inútil foro de la OEA, murieron:
- Teniente de Infantería William Guzmán Espinoza. “Roosevelt”.
- Sub-oficial 2º enfermero Segundo Minchán Infantes.
- Sargento 2º Severo Álvarez Rojas.
- Cabo Eduardo Lijisan Asacha.
- Soldado Magdonio Sarmiento Vásquez.
Gloria eterna a los valientes que dieron su vida por el Perú, los primeros Gigantes del Cenepa en caer ante la fuerza enemiga, en un conflicto que escalará rápidamente.

LOS GIGANTES DEL CENEPA I




24-01-2009


Introducción
Un día como hoy de hace 14 años, comenzó la operación militar más incomprendida, vapuleada y ridiculizada, de la moderna historia del Perú. La Guerra del Alto Cenepa constituye un episodio que ha vivido, injustamente, con vergüenza en la memoria colectiva nacional, producto de prejuicios, pasiones desmedidas, ambiciones políticas y el imperdonable silencio de las Fuerzas Armadas, actores principales en un drama que, no tengo dudas de señalar, como una gran victoria.
El sustento de la afirmación se encuentra en el resultado de las operaciones militares, que ignorantes “especialistas” calificaron como derrota, y los propios comandantes militares no supieron analizar. El resultado político de la guerra es aún más claro, Ecuador se vio acorralado en los tratados internacionales – acto que nunca estuvo en el guión que sus generales habían redactado para la disputa - teniendo que sentarse en la mesa de negociación en el marco del Protocolo de Río de Janeiro de 1941, instrumento que históricamente quisieron revisar y negar. Luego de otra amenaza de conflicto en 1998, los presidentes Fujimori y Mahuad se reunieron, literalmente, a puerta cerrada, con la finalidad de llegar a una solución definitiva. Dejaron atrás a cancilleres y diplomáticos que solo entorpecían la búsqueda de la paz debido a su vergonzosa incapacidad.
La Guerra del Cenepa fue empujada por un grupo de políticos que quisieron aprovechar los réditos que genera el odio, y por un grupo de militares que acabaron con las magras reservas económicas del Ecuador, adquiriendo armas (por las que inclusive fueron estafados), enviando a la muerte a cientos de soldados, valientes, olvidados, y engañados. Esos generales disfrutan del dinero y el prestigio que la fallida guerra les brindó, dedicándose en la labor más abyecta del supuesto líder militar, la ambición política y el poder. La única victoria que consiguieron esos generales fue en la mentira, que aún perdura como testimonio vivo de la niebla que envuelve a la guerra. La verdad es siempre la primera víctima de toda guerra.
La solución ha demostrado que funciona, en estos 14 años, las relaciones del Perú y Ecuador disfrutan de los beneficios de la paz, la amistad y el comercio internacional, piedra fundamental del desarrollo de dos pueblos hermanos, cuyas diferencias son infinitamente menores que sus similitudes. La costosísima paz que Perú y Ecuador han logrado, debe cimentarse en el respeto, la libertad y soberanía de sus pueblos, en el acercamiento económico y cultural, y, en el conocimiento de la verdad absoluta que garantice evitar cometer los errores del pasado. Jesús de Nazaret afirmó, solo la verdad nos hará libres.
Situación política en 1995
En el año 1994, Perú alcanzó el PIB más alto de su historia (12.8%) cifra no superada hasta el día de hoy. En esos tiempos el país se perfilaba como uno de los de mayor potencial en la región, recibiendo mucha inversión extranjera. El Perú renacía de las cenizas de una guerra interna y del manejo caótico de gobiernos incapaces. No existía un boom minero ni grandes industrias, simplemente el Perú comenzó a vivir y a trabajar. Luego del conflicto, en 1995, el PIB cayó a solo 8.5% y al año siguiente a 2.5%. ¿Hasta qué punto el costo del conflicto afectó la economía nacional? Directamente no mucho si se toma en cuenta el costo de movilización, la logística y la pérdida de aeronaves (que en su mayoría llegaban al límite de su vida operacional). Indirectamente, los costos fueron muy altos. El hecho de que el país se sumiera en un nuevo conflicto (además del interno) la propaganda ecuatoriana y la tendenciosa crítica interna, ahuyentó a la mayoría de los inversionistas europeos y norteamericanos. Cabe señalar que las inversiones chilenas no eran apreciables hasta 1994. En 1995 los inversionistas chilenos aprovecharon la situación producida por el conflicto y llegaron las inversiones en masa, 5 mil millones en ese año ¿casualidad o parte de una calculada operación? La historia aún calla muchos de estos temas.
Cabe recordar que el gobierno chileno negoció la venta de armas a Ecuador, afirman que la negociación se llevó a cabo en 1994, pero la verdad es que las armas y pertrechos de guerra llegaron en 1995 cuando el conflicto ya había estallado. En ese momento no se denunció con energía dicha venta, con la finalidad de no entorpecer las relaciones del Perú con una nación garante del Protocolo de Río de Janeiro. Al mismo tiempo, Ecuador negociaba con Argentina otra adquisición de armas. La triangulación, denunciada por pilotos peruanos y patriotas, tuvo lugar en febrero de 1995. En ese momento, el Perú se sintió traicionado por la nación aliada, herida que hasta el día de hoy se recuerda con amargura, pero cabe destacar que las armas vendidas por el gobierno de Saúl Menen fueron inservibles, estafaron a los militares ecuatorianos. El escándalo estalló en Ecuador finalizado el conflicto y la oposición política apodó a los generales victoriosos con el sobrenombre de “los chatarreros del Cenepa”, en donde inclusive, el general Gallardo, ministro de defensa del Ecuador se vio obligado a visitar la cárcel. De esa manera se puso en evidencia la malversación del dinero del pueblo ecuatoriano quienes confiaban plenamente en las fuerzas armadas de su país, institución que gozaba de buen prestigio e ingresos. Antes de que el conflicto estallara, el congreso del Ecuador estaba creando las normas que obligaría a las FFAA de ese país a privatizar las empresas de su propiedad, acto que la guerra detuvo apropiadamente y a tiempo, para el alivio de codiciosos generales.
En el Perú la situación no podía estar peor. La larga lucha en contra de los delincuentes terroristas había desviado los fondos de la defensa y el esfuerzo de guerra se centró casi exclusivamente en el frente interno, el frente externo no recibía mucha atención. Si bien la amenaza de una nueva aventura bélica por parte del Ecuador era siempre constante, el “pacto de caballeros” y la visita histórica del presidente Fujimori a ese país parecían haber calmado los ánimos belicistas. Pero el “pacto de caballeros” demostró ser un instrumento inútil y engañoso de la política internacional. Sumado a esto, los sucesivos gobiernos del Perú habían descuidado la necesaria operatividad de las FFAA cuyo equipamiento se deterioraba alarmantemente.
La situación política tampoco podía ser peor, empezaba la competencia por la presidencia de la república, situación en la que la frustración de los candidatos de la oposición se hizo patente con nefastas consecuencias. Si bien al inicio del conflicto se produjo una loable unidad de criterios, poco a poco esta fue dando paso a opiniones que resultarán negativas para los objetivos nacionales. El presidente Duran Ballén de Ecuador, empleó políticamente esta situación para acusar al presidente Fujimori de provocar la guerra con fines electoreros, argumento que también fue empleado por políticos nacionales. La situación demostraba que la candidatura de Fujimori era seguida de muy lejos por su más cercano contendiente, el embajador Javier Pérez de Cuellar y una guerra no sería necesaria para la victoria que conseguiría meses más tarde. Este candidato más tarde afirmaría, con total desconocimiento del resultado de las operaciones militares, que “el Perú había perdido la batalla debido a que el presidente Fujimori no había izado la bandera sobre Tiwinza”. Comentario inocente que moldearía los comentarios de los opinólogos de oportunidad, motivados por intereses personales antes que por el descubrimiento de la verdad, opiniones que enlodarían el accionar militar y dejarían a los altos mandos en inmovilidad psicológica. Salvo aislados esfuerzos, la verdad permanecería oculta por motivos políticos.

El Teatro de Operaciones
Un principio básico, descrito por Sun Tzu desde hace 2500 años, es el que se refiere al terreno en el cual se debe entrar en batalla. El Alto Cenepa es una endemoniada depresión cruzada por cerros, valles y ríos, sin vías de comunicación terrestre, nada apropiado y en contra de este principio básico. Si la hipótesis ecuatoriana hubiera sido cierta, entonces el Perú habría escogido un terreno más apropiado para iniciar el conflicto. En cambio, Ecuador domina las alturas de la depresión con bases que rodean el “dedo” que conforma la línea de frontera. De las bases de Coangos y Banderas no mediaba más de 5 kilómetros hasta los lugares que habían invadido, facilitando la logística y la cobertura de artillería hasta esas estratégicas posiciones, incluyendo el lanzamiento de cohetes desde Cóndor Mirador, situado al suroeste, casi a la retaguardia peruana. De esta manera, la famosa “Base Sur”, “Cueva de los Tayos” y los varios “Tiwinzas” serían blanco fácil de la mortal artillería en el momento que cae en manos peruanas. En resumen, el terreno del Alto Cenepa jamás favorecerá a una fuerza que ataca, en cambio si lo hace con una que se defiende. Las “bases” que Ecuador había creado eran simples claros del bosque en las cotas que permitían una relativa defensa, puntos que son fácilmente recreados en otros lugares sin esfuerzo y que constituyó la principal estrategia psicológica y mediática que buscó engañar al mundo entero. Hay que reconocer que las Fuerzas Armadas del Perú no estuvieron preparadas para contrarrestar la propaganda ecuatoriana y, abandonaron el otro importante frente de batalla de la guerra moderna: la prensa.
El Teatro de Operaciones del Alto Cenepa solo permitiría el empleo de artillería ligera, armas antiaéreas portátiles, infantería y sobre todo, aviación. Las operaciones serían apoyadas desde el aire con el empleo de helicópteros para transporte logístico y de ataque, además de la piedra fundamental que tanto se necesitó, la superioridad aérea.
La Fuerza Aérea tenía que emplear todo el material disponible en el momento, en su mayoría aeronaves que ya denunciaban su obsolescencia. La única plataforma aérea con que se contaba, digna de un combate moderno, eran los aviones Mirage 2000. Por desgracia, la historia de la oscura negociación de dichas aeronaves ha quedado enterrada por el servilismo político. La investigación del Senado nacional ha quedado plasmada en el libro “Pájaros de Alto Vuelo” escrito por el desaparecido Carlos Malpica. Fuerzas adictas a la delincuencia, intentaron acabar con todas las copias de dicho documento incriminatorio, que ha sobrevivido a la purga y al valiente autor. En sus páginas explica las negociaciones que redujeron el número de aeronaves M-2000, de 26 a sólo 14, desprovistas de equipos electrónicos y de todo el armamento necesario para su empleo… los cuales probarían ser indispensables en 1995.
Esta es solo una breve e incompleta introducción a uno de los episodios más controvertidos de nuestra reciente historia, episodio escondido tras la bruma de la guerra y que comenzará el 26 de Enero de 1995 con el mortal ataque a la patrulla “Roosevelt”, quienes intentaban construir un helipuerto, en previsión de un conflicto que se venía gestando desde hace varias semanas. Las horas inciertas se avecinaron y las Fuerzas Armadas se vieron empujadas a combatir en un conflicto sorpresivo e indeseado, para el cual no estaban preparadas.
Esta será la historia del ingenio, el valor y el arrojo de soldados, aviadores, marinos, policías, huambisas[1] y empresarios peruanos, que unieron esfuerzos para superar carencias, dificultades y peligros en un territorio que pocos conocían y que ningún gobierno se preocupó en cuidar y por el que luego, se rasgarían las vestiduras.

[1] Huambis, auto denominación de la nación indígena que vive en las cercanías del río Santiago y el Alto Cenepa.