domingo, 8 de febrero de 2009

LOS GIGANTES DEL CENEPA VI


Mi-25

07-02-2009

Escribir la historia de hombres es relativamente fácil. Escribir la historia de los hombres que mueren por un ideal es más complicado. Describir las circunstancias de su sacrificio es aun más difícil y el autor corre el riesgo de perder la perspectiva histórica de la misión en la que perdieron la vida. Si el autor ha sido testigo de los hechos, acarrea la enorme carga emocional y el espíritu de los protagonistas, que como espectros, invaden la memoria y la tranquilidad de quienes sobrevivimos. Martin Luther King dijo que, “al final, recordaremos, no las palabras del enemigo, sino el silencio de nuestros amigos”. Esta es la razón por las cual grito a voz en cuello el nombre de los Gigantes del Cenepa, para que sus espíritus puedan volar lejos de la bruma del olvido. Sin embargo haber sobrevivido a un ataque aéreo, no existe para mi pasaje más espiritual y emotivo que el que aconteció el día 7 de febrero de 1995.
Estando en el Destacamento Aéreo Avanzado en Ciro Alegría, la radio recibió urgentes llamados de auxilio de las patrullas. Habiendo recuperado Base Sur, la cercanía de dicha posición a Coangos la convertía en un fácil blanco para la artillería enemiga desplegada en la zona, sumado a un nutrido fuego de morteros, desplegados a lo largo de las trochas que bajan hacia el oeste de Coangos. Al Ejército le preocupa las bajas que empiezan a sumarse por lo que solicita un inmediato apoyo aéreo cercano. De pronto, el comandante del destacamento FAP se encuentra en una posición muy complicada. Tendría que decidir entre lanzar la misión de ataque o abandonar a las tropas que requerían el apoyo de la FAP. La decisión es difícil si tomamos en cuenta el conocimiento que ya se tenía del dispositivo antiaéreo enemigo, especialmente de los misiles Blow Pipe y los letales Igla. Este es uno de esos momentos en las guerras en la que los comandantes se encuentran acorralados por del destino, cualesquiera la decisión que tomara, acarrearía serias fatalidades. Se decidió por el ataque aéreo. Ahora la responsabilidad estará en las manos de la FAP.
El Briefing resultó complicado y tenso. Desde mi discreta posición de observador, jamás percibí, por parte de las tripulaciones, la menor duda en realizar la peligrosa operación. Tendrán que atacar las faldas del cerro que baja desde la línea de frontera, al oeste de Coangos. Las patrullas han identificado la posición de numerosas tropas enemigas en aquella área. Los helicópteros Mi-25, dispararán cientos de cohetes con la intención de desarticular el dispositivo de artillería oculto en el bosque. Serán dos grupos de ataque. Dos helicópteros atacarán por el oeste dividiendo la atención del enemigo y otros tres desde el sur sobre el objetivo principal.
El destino me impulsó a acercarme a observar la nave que preparaba la tripulación del Comandante Schenone. Durante algún rato miré a al Sub-oficial Erick Díaz preparar la máquina para la misión, mientras los hombres de armamento abastecen los cañones y las coheteras. El copiloto, Capitán Raúl Vera, está removiendo el protector de la ametralladora. Bromeamos un poco para relajar la gravedad del momento, pero su rostro está tenso mientras sube a la cabina. Me muevo al pié de la cabina de Marco Schenone, está acomodando su maletín en el área de carga. Al terminar se dirige hacia donde me encuentro. Cuando está por subir a la cabina duda un instante, se voltea clavando sus bondadosos ojos negros en los míos. Alza la mano derecha y coloca en paternal gesto sobre mi hombro – “Izquierdo”- Es difícil describir la manera que pronunció mi apellido, pero no se trataba de una simple palabra, más bien, sonaba como un discurso que atravesaba mi alma, una palabra acompañada de la elocuencia de una trágica e insospechada despedida.
He atesorado en mi corazón el privilegio que me regaló el destino al acompañar a estos valientes hombres durante sus últimos momentos. Minutos más tarde caerán, habiendo cumplido la misión que jamás dudaron en realizar. Más tarde me enteraría que Marco Schenone habría dicho en el dormitorio de pilotos que la misión era difícil, pero que la cumplirían, ya que para eso se habían preparado, por eso se han convertido en aviadores militares.
Para el lector ajeno al trajín militar puede ser difícil comprender la magnitud de la situación, para mi es difícil encontrar las palabras correctas para interpretarla en tan corto espacio. Debo confesar que los detalles de estas historias han sido plasmados en un libro que, espero vea la luz pronto y cuyo objetivo es rescatar la memoria de estos valientes hombres, caídos hace 14 años atrás y que hoy debemos llamar con orgullo, Los Gigantes del Cenepa.

sábado, 7 de febrero de 2009

LOS GIGANTES DEL CENEPA V

6-2-2009

Estimado lector, en el presente texto me veo obligado a realizar un salto en la historia, que en el caso de las operaciones del Alto Cenepa, avanzan más rápido que mi lenta pluma. Con posterioridad entregaré la historia correspondiente a los días anteriores (Los Gigantes del Cenepa IV).

A estas alturas del conflicto, hace 14 años, las Fuerzas Armadas del Perú han organizado los dispositivos de combate rápidamente. La flota de guerra se encuentra navegando a una ubicación secreta en el pacífico y el Ejército se encuentra reforzando las posiciones en la frontera norte. En el Teatro de Operaciones, las patrullas peruanas han desalojado a las tropas ecuatorianas de las cota 950 (Cueva de los Tayos) y de la posición conocida como Base Sur, recuperada el día 2 de febrero.
En el escenario político, los garantes han presentado un proyecto de paz que el Perú está dispuesto a aceptar inmediatamente, pero que el gobierno Ecuatoriano ha pedido tiempo para estudiar. El cese al fuego aún está muy distante.
En la madrugada del día 6, desde la base de Pisco, una escuadrilla de aviones Camberra ha despegado rumbo al Alto Cenepa. Los veteranos aviones de fabricación británica, tienen la misión de bombardear las posiciones enemigas al oeste de Coangos. Volando en absoluto silencio de radio, los pilotos y navegantes alistan las bombas que reposan en las entrañas de las máquinas. La oscuridad y las nubes los cubren de la artillería enemiga, pero también dificulta el vuelo a muy baja altura sobre traicioneros picos en la cordillera de los Andes.
Sobre el objetivo abren las compuertas del bomb bay para dejar caer varias toneladas de explosivos en la selva del Cenepa. Informes de testigos en tierra afirman que, la fuerza de las explosiones sacuden las colinas y valles adyacentes con ensordecedora fuerza. Es posible que el antiguo y tupido bosque haya salvado a cientos de potenciales víctimas, pero el daño producido ha sido considerable y efectivo. Una a una, las aeronaves viran hacia el sur para retornar, descendiendo sobre la selva para ocultárse del radar enemigo. El rumbo los llevará directamente hacia la tierra de los antiguos Chachapoyas, a una cordillera que se levanta al sur de la planicie del Marañón. Los pilotos y navegantes debe ser muy cuidadosos con los cálculos de navegación. La escasa luz del amanecer, la abundante nubosidad del invierno andino y la poco confiable información de las cartas de navegación norteamericanas, conspiran contra la difícil misión.
En Pisco, las malas noticias llegan pronto. Una de las aeronaves no ha reportado su ubicación. El operador de radio intenta infructuosamente de comunicarse con la tripulación. La respuesta es el silencio.
Este día la Fuerza Aérea ha perdido a los primeros aviadores caidos en defensa de la patria, los Capitánes Percy Phillips y Miguel Alegre.
Días más tarde estoy volando en un helicóptero Twin 212 sobre las cordilleras de Chachapoyas. Nuestra misión es localizar la aeronave que se presume ha caido en algún lugar a lo largo de la ruta de retorno. Agudizamos la vista, pero el esfuerzo resulta estéril. Eternas y gruesas nubes ocultan los altos picos que rodean nuestro helicóptero. Varias hipótesis intentan explicar la desaparición de estos valientes aviadores, pero esta vez, los celosos Apus Chachapoyas guardarán en su divino seno el misterio de estos dos Gigantes del Cenepa.

Capitán FAP Percy Phillips

Capitán FAP Miguel Alegre


LOS GIGANTES DEL CENEPA III





La Cota 950

04-02-2009

La numerosa correspondencia que ha motivado esta serie de artículos, obliga a aclarar algunos aspectos de los mismos. La historia plasmada en esta serie de artículos se encuentra detallada en un libro que, si los medios lo permiten, será publicado en pocos meses. Estos olvidados días de hace 14 años son de celebración de una victoria militar, con aciertos y errores, pero finalmente victoria de las Fuerzas Armadas peruana, al igual que la victoria que se logró sobre la subversión y que sucesivos gobiernos han descuidado con irresponsabilidad. No es necesario señalar las causas, tema ampliamente discutido y al mismo tiempo acallado en la esfera pública. Cada lector tendrá identificado a los responsables políticos en esta sui generis política de desarme unilateral y descuido de la seguridad nacional, tema que exige un detallado estudio y una clara discusión. Recordemos a los héroes que deben salir del anonimato y el olvido a quienes hermosamente podemos llamar Los Gigantes del Cenepa.
Han pasado largos días desde la última entrega, y pido la dispensa del lector. Hacia fines de enero de 1995 ocurrieron varios hechos importantes que describiré a continuación.
El día 27 de enero, luego del ataque a la patrulla “Roosevelt”, el Alto Mando ordenó el inmediato desalojo de las tropas ecuatorianas que invadieron territorio peruano. El primer punto de ataque se efectuaría sobre la posición denominada “Cueva de los Tayos” (también producto de la doble toponimia) que está ubicada en la cota 950, rodeada por las cotas 1034 (noroeste) 1111 (sur) Y 1325 (este). Según la información del reconocimiento sobre la posición se encontraba una sección (30 soldados) de infantería de selva del Ejército Ecuatoriano. Los comandantes del RCB 113 y el BIS 25, reunidos en el PV-1, planearon el ataque mediante el empleo de dos secciones de infantería de la Compañía “C” del BIS 25 y un pelotón de caballería del Escuadrón “A” del RCB 113 con una sección de fusileros de reserva[1].
Las tropas peruanas iniciaron el movimiento desde el día anterior (26 de enero) El pelotón de caballería del Escuadrón “A” del RCB 113 se detuvo en las inmediaciones de la cota 1034 y las secciones de infantería de la Compañía “C” del BIS 25, rodearon la cota 950 ubicándose al sur en la cota 1111. Al amanecer del 27 (05:00hrs) las secciones dieron inicio al avance y fuego sobre la posición enemiga. En solo 30 minutos de combate, los defensores huyeron hacia Coangos. El enemigo sufrió la baja de tres soldados y un oficial, el Teniente (Ec.) Robert Barrera. En las tropas peruanas se reportaron un soldado y un oficial heridos. Inmediatamente después de la recuperación de la cota 950, la artillería ecuatoriana abrió fuego sobre la misma, obligando el repliegue hacia las partes altas.
Esta situación se repetirá en todas las posiciones de las que se irá arrojando a los invasores. Desde Coangos y Cóndor Mirador, la artillería enemiga ha cartaboneado[2] todas estas posiciones con la finalidad de impedir la consolidación del terreno por las tropas peruanas. No existen paraguas para las bombas y los proyectiles. Es un principio de la guerra el neutralizar la capacidad ofensiva del enemigo para consolidar una posición. En este caso, la artillería enemiga dispara desde posiciones reconocidas como ecuatorianas según la línea del Protocolo de Río de Janeiro. En este momento las Fuerzas Armadas peruanas se ven entrampadas por la siguiente disyuntiva, o se destruye las bases logísticas y de artillería ecuatorianas con el peligro de perder legitimidad jurídica internacional, o se realizarían las operaciones militares con el grave riesgo de sufrir bajas por efectos de la artillería. El gobierno optó por lo último. Esta podría ser una de las decisiones más polémicas y difíciles del conflicto, por la que se tendrá que operar, en contra, de varios principios elementales de la guerra, a menos la conocida hasta ese momento.
Es por esto que la forma de operación de las FFAA será novedosa en muchos aspectos, adelantándose a la tendencia que se observará años más tarde en los Balcanes, en el Líbano, en el ataque de Israel a Gaza y de alguna forma, en el Irak ocupado. Perú y Ecuador se enfrentarán en un conflicto en el que se combina la alta tecnología, la lucha de guerrillas, la guerra política y las operaciones psicológicas, adaptándose sobre la marcha a la guerra del Siglo XXI. Es una visión holística de la guerra, en la que los medios intangibles serán muchas veces más destructivos que los tangibles y los resultados en el campo de batalla son confusos y se desbordan fuera de éste.
Hoy en día esta tendencia se está haciendo cada vez más clara, pero hace 14 años, la última guerra de la que se tenía fresca memoria fue la “Operación Tormenta del Desierto”. Cabe señalar que dicho conflicto nunca ha servido para un estudio serio de la guerra, pero al haber sido transmitido en vivo y en directo por la TV, caló profundamente en la mente de los observadores. A eso se denomino “Efecto CNN”. En pocas palabras, la guerra se gana cuando el otro bando huye ignominiosamente. Pero la realidad de la guerra moderna dista mucho del simplismo de análisis similares. Solo por poner un ejemplo, la superioridad bélica de Israel sobre los palestinos en Gaza es indiscutible, pero la victoria de Israel está demostrando ser pírrica al ser denostados moral y políticamente a nivel mundial. Algo similar ocurrió el año 2006 al verse obligados a retirarse del Líbano. Esto indica la complejidad que acompaña el conflicto o la guerra del siglo XXI, las fronteras de lo tangible y lo intangibles son difusas.
Con ese paradigma, los opinólogos del momento (1995) aventuraban todo tipo de conjeturas, pidiendo a gritos la presencia del presidente y el izamiento del pabellón en los sitios recuperados, análisis y conjeturas distorsionadas por la rivalidad política, el racismo y la ignorancia.

[1] Datos obtenidos del libro “Cenepa. Misión de honor” escrito por el General Roberto Chiabra.
[2] En el argot militar significa tener la puntería preestablecida sobre una posición conocida.