sábado, 25 de agosto de 2007

¿Caridad con dinero ajeno? Así cualquiera...

La caridad consiste en ayudar al prójimo. No significa entregar lo que nos sobra, es el desprendimiento desinteresado de lo mucho o poco que poseemos, pero que alguien más necesita con urgencia. Un enorme número de peruanos y empresas así lo ha entendido. Espero que exista una estadística para poder medir la solidaridad demostrada los últimos días.

Al día siguiente de la tragedia, dos empresas aéreas pusieron sus aviones al servicio del necesario puente aéreo. En el caso de Aerocondor, apoyó con el 100% del costo de dichos vuelos que aún continúan. Empresas de venta por departamento donaron todas sus existencias de carpas y toldos (que por la temporada eran pocas por desgracia), las embotelladoras han donado agua y otros líquidos, confeccionistas ropa, frazadas, etc.

Pero el mas conmovedor apoyo ha sido el de los peruanos “comunes y corrientes”, “los ciudadanos a pié”, es decir la mayoría de nosotros. El público compró conservas y agua embotellada en cantidad tal, que acabaron con las existencias de muchas comercios. Las colas que se formaron en la puerta del estadio nacional, en INDECI, parroquias, iglesias de diversas denominaciones y en los locales de los medios de comunicación fueron inmensas.

Hechos aislados y negativos tampoco se dejaron esperar, tal como el caso de la funcionaria de defensa civil de la Victoria que está en investigación, pero que no constituye una generalidad.

La generalidad ha sido la proliferación de puntos de acopio. Muchos comercios, empresas y hasta bancos comerciales han organizado la recolección de la ayuda. Al día siguiente, bancos comerciales abrieron cuentas para recabar donativos; ferreterías y tiendas que aceptan los “vueltos” como donación y otros comercios que han adoptado medidas similares.

No dudo de la honestidad de sus intenciones y el sincero deseo de ayuda.
¿Pero cual es el verdadero espíritu de aquellas acciones? ¿No es seguirle pidiendo colaboración a quienes ya han colaborado prontamente?. Llegar a una caja y tener al frente una cajera que pregunta: “desea donar su vuelto para los damnificados”. Al ciudadano que no le sobran los recursos ¿Animarlo a dar su vuelto podría ser una incomodidad, un motivo de vergüenza y hasta un chantaje, si es que ya ayudó y donó lo que no le sobra?

Para aquellas empresas que comercian con productos necesarios para los damnificado de un desastre tal como el agua y las conservas, ¿No habría sido mejor que disminuyan los precios de esos productos, por un periodo de tiempo prudente, disminuyendo sus utilidades, para que los ciudadanos puedan adquirirlas en mayor cantidad y donarlas?

Se puede pensar maliciosamente y afirmar que las personas las comprarían para su propio beneficio aprovechando el bajo precio, pero en realidad las han comprado al precio normal para donarlas (el agua de las embotelladoras no cuesta casi nada, solo el envase y los gastos operativos).

De la misma forma podríamos poner en duda las verdaderas intenciones de aquellas empresas, que con extensiva publicidad pretenden canalizar la ayuda de los ciudadanos, y de paso crear su imagen de solidarios y socialmente sensibles. Simplemente asaltar una duda con otra, las dos caras de la medalla.

Espero que exista una estadística, una lista de las empresas y personas que han demostrado un verdadero desprendimiento –cientos de ellas lo están haciendo sin publicidad, sin entrevistas, sin gerentes desesperados por aparecer en la televisión- A ellos se les debe reconocer después, en nombre de los damnificados y un gobierno, que hasta ahora no indica lo que está adquiriendo para ayudar a los que sufren.

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